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martes, 12 de mayo de 2009

El sitio de mi recreo

Hay pérdidas que se sienten mucho más, la de hoy es una de ellas... Hoy La chica de ayer o El sitio de mi recreo han vuelto a sonar en sentido homenaje en los oidos de infinidad de personas entregadas al genial Antonio Vega. Particularmente me toca más la del título, aún recuerdo aquella primavera del 92 enamorado de Laura, nombre junto al de Petrarca que provocaron en mi cierto cambio de actitud en general, aunque posteriormente atemperada...
Recuerdo que durante aquella época plasmé por primera vez mis reflexiones, hoy perdidas, sobre papel, cosa que no he vuelto a hacer hasta la actualidad en este humilde blog. Aquellos escritos estaban impregnados de cierta meláncolia e idealismo de inspiración vegariana, estaban mezclados con esas notas de guitarra tranquilas y melódicas que transmitian a ese mundo donde se creó por primera vez la luz, palabras referidas tanto al silencio de lo no correspondido como a la esperanza y necesidad del sentir, instituyendo que mi recreo resultaba oscuro sin el auténtico estímulo vital. De la archiconocida chica de ayer también puedo reconocer sus reminiscencias amatorias, sin embargo con ella me encontré en un periodo posterior donde ella, la de ayer, jugaba realmente en el jardín, en el onírico sitio de recreo que me había figurado en torno suyo.
El año pasado estuve grabando uno de sus conciertos y la posterior entrevista, no encontré ningún halo mágico a su alrededor, ni un ápice de triste mística, sólo encontré un hombre tocado por la carga terapéutica (toma eufemismo) a la que se sometió para resistir los empujes que sufría en ese rincón al que denominó con el nombre de uno de sus sentimientos, un hombre en el escenario con cabeza baja pero, aún, con música en su interior para exteriorizarnos.
Hoy revuelvo entre mis significados, revitalizo a Antonio perpetuando mi lugar en el patio, reafirmando la necesidad y la contingencia de Lauras, de Beatrices, imagino un nuevo Petrarca acorde a los impulsos vitales que ahora me invaden, construyo nuevamente El sitio de mi recreo

http://www.elpais.com/audios/cadena/ser/Escuche/sitio/recreo/Antonio/Vega/csrcsrpor/20070417csrcsr_1/Aes/

lunes, 2 de febrero de 2009

Librando los lunes sin sol

La resaca de los Goya ilumina en parte el título y el contenido del escrito de hoy, pues mi particular camino me lleva a enfrentarme, con cierta actitud estoica, al destino de mis tristes lunes sin sol en los que uno confunde el placer de la libertad con la causística impuesta por el ámbito cultural y social. Mi primer día de la semana es siempre de los últimos, siempre he ido a contraremolque y no es una cosa, por tanto, que me confunda o extrañe, y últimamente siempre de los más tristes, metereológicamente hablando. Si además le añadimos las ocupaciones y encargos postergados para tales fechas, los lunes se convierten en las peores pesadillas reales para el ser humano, todo para hacer el día en el que nada debes hacer. Hoy no fue diferente salvo por la constatación en el calendario de soleadas fechas pasadas, cuando mi camino fue iluminado, restringida mi libertad, sometido al haz de los impulsos y emociones. Hoy fue sencillamente diferente y cuál héroe fílmico supe tomar un punto de inflexión respecto de mi lunes, retornar antiguas sendas, acariciar el día como si de él se tratase, ser uno más fuera del raciocinio imperante, nada discurre sin su contrario y mi libertad suele ser superada por cuaquier constricción, hoy sólo quiero caminar, que en los lunes vuelva a brillar el sol.

lunes, 4 de agosto de 2008

Otra de cine, de amor y antisemitismo, o ¿es al revés?

Y es que hay veces que la identificación con un personaje de una película no ha de ser necesariamente con el héroe, por ello en La barrera invisible (Gentleman's Agreement, Elia Kazan, 1947) me identifico con el personaje femenino secundario, ese contrapunto del personaje principal que a veces parece estar por encima, pues es quien garantiza su buena resolución. Ella (Celeste Holm) en el film es franca y honesta desde un principio y sin embargo no alcanzará sus propósitos, por algo la identificación, pues triunfará la historia de amor de Kathy (Dorothy McGuire), tras su compromiso entre lágrimas de pasar a la acción. Quizá sea lo más pobre de la cinta, el final de esa histroria de amor, pues yo aún esperaba en ese plano final ver aparecer a la rubia, que tan buenos principios exhibía. Me pregunto cómo sería la relación despues de John Green (Gregory Peck) y Kathy, si ella pudo sacar afuera todos sus prejuicios o por el contrario, si con los cambios drásticos en ciudades tan pobladas y la llegada de invitados de color no volvieron a renacer y el pobre Peck pensara entonces en la encantadora rubia que siempre le respetó. Podríamos discutir cual es tema principal de la película, ¿es el antisemitismo o es la historia de amor? Yo creo que es una historia de amor como apoya bien el último plano y otras caracteríticas de la narración cinematográfica, si bien para mi ese final, algo irracional desde un punto de vista algo lógico (sólo se nos muestra el cambio de conducta de ella a través de sus lágrimas), a la vez es lo más coherente, pues así es el amor, irracional, incoherente, impulsivo, narcótico, y por ello haber acudido al final a la persona que amaba desde el principio es lo más lógico-ilógico, si se me permite el término, que podía hacer nuestro protagonista, pues como digo, el amor no entiende de lógica ni de principios, y si lo llega a hacer algún día, entonces el mundo no será mundo...
Por otro lado, la película muestra muy bien un problema cultural, que a pesar de la fe de la madre de nuestro protagonista por el siglo pasado, no ha sido aún soslayado si lo extrapolamos a otras creencias o actitudes de nuestra sociedad, todavía no hemos aprendido a vivir juntos, y quizá sólo sea un sueño, pero como enamorado de ese dulce sueño, lo exigo, lo pronuncio y lo deseo como las bocas se esperan a centímetros de la plenitud.

lunes, 28 de julio de 2008

Y llego a tu cuello


Desplazas el cabello mostrándome el dulce cuello, tu piel ansiosa me incita a sentir antes de lanzar mis dedos a su recorrido agónico a través de tu piel y llegar al lóbulo, vuelven a bajar ahora deslizándose con la agitación de la primera vez, ahora mis llemas captan toda la sensibilidad de la piel y ya no sé quién percibe y goza más, el final de mi anular siente casi más que toda tu cabellera, a mi espinazo le llegan los impulsos nerviosos transmitidos desde lo más profundo de tu piel estremecida y mi boca impulsiva comienza su travesía a través de la oscuridad para culminar en un instintivo roce en tu sonrosada oreja, la pérfida lengua asoma en sus comienzos para resaltar tu piel y hacerla crecer por momentos. Ya no hay vuelta atrás, del fracaso al éxito sólo hay un pasito y no pretendo sino fracasar, ya es un triunfo.

Quizá el amor no se pueda olvidar, es una práctica universal.

sábado, 26 de julio de 2008

Olvidarse del amor

Recientemente he vuelto a sentir las colateralizaciones del mayor sentimiento humano, sin embargo mi alma no estaba abierta a tales significacines, demasiado poderosas para una mente enclaustrada en sus propias antinomias, en sus solitarios devanios sin más práctica afectuosa que las palabras de algún familiar o algún buen amigo. Recientemente quiero abrir el campo de mis significaciones, abrir mis sentimientos hacia ella, navegar en las corrientes de la fogosidad, del desequilibrio, hilvanar momentos compartidos y merecer lo que ahora añoro. Sin embargo no hay actividad humana que no sucumba ante la práctica, no existe negocio que primero no sea practicado virtuosamente, y yo la labor del amor parece que hace tiempo que no la visito y ahora que necesito volver a trabajarla no poseo las herramientas, mi lenguaje y mi disposición no son las correctas, veo llegar el fracaso mucho antes de comenzar, anoto cada gesto como si fuera único e inequívoco de la personalidad que me va a traicionar, maldigo porque he de ser yo el que empiece a jugar y a descifrar lo que el futuro nos quiere deparar.
Olvidarse del amor es un gran mal, y mi soledad aún lo puede empeorar, sin embargo espero poder fracasar, es la única receta que me puede salvar.